3 de mayo de 2014

Fraudes científicos

Causas, consecuencias y manera en que evitarlos

Fraude. Es una palabra llamativa, una palabra fea y a la vez impresionante. Al igual que “copiar” o “trampa”, viene cargada de connotaciones negativas, pero puede conducir a sanciones y consecuencias mucho mayores. Y sin embargo, el fraude en la ciencia no es algo inaudito. 

Los científicos se rigen por un conjunto de principios que garantizan que su trabajo sea innovador y sólido, o al menos la mayor parte del tiempo. En alguna ocasión, la presión por publicar, conseguir becas o trabajos tienta a algunos a apartarse del compromiso que mantiene nuestra fe en sus resultados. Y cuando lo hacen, nuestra respuesta es rápida y despiadada. En su esencia, el fraude científico viola todos los códigos éticos y morales por los que los científicos destacan. Y más allá de eso, viola a la misma razón. ¿Por qué, después de todo, uno se comprometería al mísero salario y a las largas horas trabajando para obtener la única recompensa que ninguna otra carrera puede otorgar: llegar a un descubrimiento genuino? La mayoría de científicos probablemente responderían en un santiamén: el éxito en la ciencia es como un romance, algo que masajea el ego, lleva al ascenso y establece al ganador como una poderosa y prestigiosa autoridad.
A continuación analizaremos todos los aspectos sobre este asunto.

¿Qué es fraude?
El fraude, del latín fraus, es una acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete1. Es un delito, y por tanto es penado por la ley. En el caso de la ciencia, se daña a toda la comunidad científica.

¿Por qué los científicos cometen fraudes?
Cabe preguntarse el porqué del engaño de los científicos, que son personas con gran formación, ambición y fortaleza. Los científicos son personas, y está en nuestra naturaleza el engaño y el egoísmo, el dinero es el dinero, y la fama es fama, pero vayamos más profundo:
  • Sesgo deliberado en el diseño experimental, incluyendo la publicación de pruebas incompletas y mostrando únicamente los datos más significativos para probar algo que realmente no es efectivo. Este tipo de engaño conlleva grandes estragos en estudios financiados por empresas farmacéuticas y biotecnológicas. Un ejemplo es el medicamento Tamiflu. Hace unos años la farmacéutica Roche publicó pruebas que persuadieron a la OMS (Organización Mundial de la Salud) de que Tamiflu era efectivo contra la gripe. Gobiernos como el americano comenzaron a almacenar el medicamento en caso de pandemia. Todo parecía ir bien para la empresa hasta que un científico japonés señaló que la mayoría de ensayos sobre el medicamento no habían sido publicados. Parece que los no publicados mostraron resultados mucho menos impresionantes que los que sí2.
  • Presión por un ascenso académico o laboral. Tristemente “publicar o perecer” ha llevado a muchos científicos a precipitar la publicación de un artículo, omitiendo un análisis cuidadoso y detallado. Esta misma presión hace que se publiquen artículos sin ideas nuevas, resultando en plagio. Dos casos llamativos son el de Annette Schavan y Karl Theodor zu Guttenberg, los dos ministros alemanes que se vieron forzados a dimitir en los últimos años por acusaciones de plagio sobre el trabajo realizado durante su tesis doctoral3.
  • El sesgo de confirmación. El sesgo de confirmación es la tendencia a favorecer la información que confirma las propias creencias o hipótesis. A veces sucede que un resultado es cierto, pero los datos presentados para apoyar la teoría se ven reforzados por el sesgo de confirmación. Se cree que esto sucedió con el trabajo de Gregor Mendel sobre la herencia genética a mediados del siglo XIX. En 1936, un estadístico inglés llamado Sir Arnold Ronald Fisher descubrió que Mendel informó sobre cruces inverosímiles en la segunda generación de sus plantas de guisantes, que contradecían la relación de 3:1 de su teoría. Fisher concluyó que Mendel cayó presa del “sesgo de confirmación”: él sabía lo que tenía que dar, y deliberadamente ignoró los datos contradictorios4.
  • Presión a resultados no esperados. Todo científico sueña con ser rico, con publicar un nuevo resultado que consiga dar un vuelco al saber convencional y poner a ella o él en el centro de investigación del campo. Cuando se añade la dificultad de un posible resultado negativo, no es tan sorprendente que algunos no se molesten en examinar críticamente sus resultados5, y que encima se atrevan a transformarlos en resultados “positivos”. 
    Revistas científicas como Nature y Science han pasado por esto. En 1988, el prestigioso editor de la revista Nature, John Maddox, se atrevió a publicar un artículo inverosímil sobre la memoria homeopática del agua. Según este estudio, las moléculas de agua retenían en su memoria a los anticuerpos con los que habían estado en contacto, de manera que se producía un “efecto biológico” cuando no lo estaban. El documento afirma que “el agua podría actuar como una plantilla para la molécula [anticuerpo], por ejemplo, mediante una red infinita de enlaces de hidrógeno, o mediante campos eléctricos o magnéticos”. La idea de que las moléculas de agua, conectadas por puentes de hidrógeno que duran un sólo picosegundo (10-12 s) antes de romper y reformarse, podían agruparse en imitadores de larga vida del anticuerpo parecía absurda. Otros equipos fueron incapaces de repetir este increíble efecto del agua, por lo que la idea fue finalmente rechazada6. Así es como suena la pseudociencia, la capacidad de un hombre para engañar a la comunidad científica porque quería ver algo sobrenatural en la molécula de la vida. Otro caso es el de la revista Science. En 2010, la prestigiosa revista trató de ganar la máxima publicidad con un artículo publicado por un científico de la NASA, que afirmaba haber descubierto una nueva bacteria en un lago de California capaz de sustituir arsénico por fósforo para sobrevivir. Se pensó que las partículas originarias para la creación de la vida (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno, fósforo y azufre) se habían redefinido, pues las bacterias habían crecido cambiando el fósforo por arsénico en la estructura de su membrana y ADN. No obstante, una oleada de científicos se abalanzó sobre tales aclamaciones, y se encontró que la bacteria habitaba en un medio donde había altas concentraciones de arsénico, por lo que esta había conseguido asimilarlo. No obstante, seguía teniendo total dependencia del fósforo7.
  • Búsqueda de financiación para la investigación. Los científicos del mundo se quejan de las enormes cantidades de tiempo y esfuerzo necesario para lograr la financiación de proyectos, la de los estudiantes asistentes y la de sus propios salarios. Los únicos adjetivos que las agencias están dispuestas a escuchar son “de clase mundial” o “un gran avance”, siendo “significativo” o “útil” insuficientes.
  • ¿Emoción? Algunos científicos realmente parecen estar motivados por la emoción que supone no ser cazado. Es el caso de Diederik Stapel, un psicólogo alemán que se creía más inteligente que todos sus compañeros y estudiantes. Como cualquier adicción, lo que comienza como comportamiento marginal puede explotar con el tiempo. Como relata un artículo de The New York Times escrito el año pasado, Stapel pasó de ser una persona totalmente rigurosa y escrupulosa a un completo fraude. Él mismo admitió que prefería trabajar con resultados limpios e imaginarios a trabajar con unos reales, pero desastrosos y caóticos. Incluso publicó un informe en la revista Science alegando que las zonas “sucias”, llenas de residuos, favorecían la discriminación racial. Acabó admitiendo que le contaba al mundo lo que quería oír sobre la naturaleza humana, y podría haber seguido así durante años de no ser por los alumnos que le enfrentaron8
    Otro caso es el del matemático ruso-canadiense Valery Fabrikant. Se le ocurrió la extraña idea de traducir artículos científicos que él había escrito años antes del ruso al inglés. Después añadió los nombres de los académicos más importantes de la Universidad de Ingeniería de Concordia, en Montreal, que no protestaron en absoluto. Cuando pidió un puesto permanente en la universidad y se lo denegaron, Fabrikant recurrió al chantaje. Dado que tampoco funcionó, en 1992 decidió matar a los cuatro “inocentes” en la misma universidad. Fue sentenciado a cadena perpetua, y actualmente sigue en prisión9.





Un caso particular: Hwang Woo-suk y las células madre
Hwang Woo-suk, un veterinario y profesor en la Universidad Nacional de Seúl, se dio a conocer en 2004 por artículo en la revista Science, donde publicó que él y su equipo habían conseguido clonar el primer embrión humano, además de haber extraído células madre del mismo. Las células madre son las células más importantes del organismo, capaces de crear tejido, órganos y sangre mediante su diferenciación. En otro artículo publicado en Science un año después, Dr. Hwang explicó que había creado células madre de embriones humanos genéticamente compatibles para pacientes específicos. Tal descubrimiento supuso la esperanza de poder realizar trasplantes de tejido para reparar órganos dañados, así como para curar enfermedades degenerativas (alzheimer, diabetes, parkinson…).
Pero su fama se derrumbó cuando científicos bloggeros dieron las primeras señales de datos inventados. La revista Science eliminó ambos artículos. En 2006, el gobierno le retiró la licencia para seguir investigando células madre, y fue acusado de fraude, malversación de fondos estatales ($705,000) y violación de reglas bioéticas, siendo sentenciado a dos años de cárcel. Luego se descubrió que también había comprado de forma ilegal óvulos a dos adolescentes como parte de su investigación10
Los miembros de su equipo también fueron multados y mandados a prisión. Casado, con tres hijos, religioso, y habiendo atravesado un cáncer de hígado, Hwang pasó de ser el héroe nacional a una vergüenza para el país. Ni siquiera admitió lo que había hecho, diciendo que se trataba de “una conspiración” y que era víctima de un sabotaje.
Lo cierto es que nadie se explica cómo alguien puede tirar su carrera y familia por la borda por el deseo de fama y dinero, y luego encima ser tan cobarde de no admitirlo. Desafiar a la ciencia es arrogante e imposible, como se ha visto con la gran mayoría de los que lo han intentado11.

¿Cómo evitar los fraudes?
El fraude académico, pese a que sigue siendo la excepción y no la norma, es un problema complicado, y el sistema en sí debe ser reestructurado para eliminarlo por completo.
Daniele Fanelli, profesor de la Universidad de Edimburgo, llevó a cabo en 2009 un análisis de 21 estudios distintos sobre científicos a los que se les preguntó si alguna vez habían falsificado o si se habían inventado parte de una investigación. Los resultados fueron publicados en la revista PLoS One. Fanelli encontró que un promedio del 1.97% de científicos admitieron haber “fabricado, falsificado o modificado datos o resultados alguna vez” y que el 33.7% había realizado prácticas de investigación cuestionables. Respecto al comportamiento de compañeros, el 14.2% había falsificado algún dato, y el 72% no ha seguido el método que debería.
Pero si algo bueno tiene la ciencia, es que se auto corrige. Los resultados falsos sobreviven durante poco tiempo, ya que otros científicos no serán capaces de reproducirlos. Por otro lado, los resultados verdaderos siempre podrán ser obtenidos por otros académicos, pues si no fuese así, los aviones se caerían, las medicinas no funcionarían y 2+2 podría equivaler a 6. No obstante, a veces reproducir experiencias resulta complicado. Por ejemplo, si alguien dice que ha hecho un estudio de 15 años utilizando a 9,000 personas y publican los resultados, tendrás que creerles, pues corroborar algo así resulta complicado.
Otra de las herramientas para evitar el fraude, utilizada por todas las revistas científicas, es la de tener un software capaz de analizar todo un artículo y de determinar si algún fragmento ha sido copiado, evitando así el plagio. 
Algunos científicos señalan que el problema está en la cultura, en que últimamente la ciencia es un motor económico más que otra cosa. Arturo Casadevall, del Instituto de Medicina Albert Einstein en Nueva York y director de la revista mBio, dice que el problema es que “en los últimos años el premio por publicar en determinadas revistas es estratosférico. La gente se arriesga porque la recompensa es desproporcionada”. Como estudiante con un doctorado en los años 1980, Casadevall dice que “durante 10 años, todo lo que oía era ‘¿dónde va a ser publicado tu artículo?’, en vez de ‘¿sobre qué es tu investigación?’. Los científicos se han metido en la cabeza que lo importante es dónde publicas, y no qué publicas. Eso es una locura”. 12
Pero, y ¿qué se puede hacer? Una campaña contra la mala conducta de los científicos propone lo siguiente13:
  • Transparencia: es crucial que los pasos escogidos y las medidas tomadas estén bien documentadas. De esta forma, la experiencia puede ser corregida/reproducida posteriormente. Además, la información debe estar redactada para que sea accesible a todo el mundo. 
  • La investigación no es una actividad individual, y aunque lo sea, es importante organizar colaboración y feedback. De esta forma se consigue que las irregularidades sean descubiertas con mayor facilidad.
  • Los estudiantes o las personas con poca experiencia deben sentirse cómodos para expresar sus dudas y preocupaciones. Esto solo es posible si se les permite ser parte de los proyectos, de estar realmente involucrados y si no se pone una presión excesiva sobre ellos. 
  • Pese a que las tareas dentro de un equipo se dividen, es importante que las decisiones relativas a cómo los datos deben ser tomados e interpretados sea unánime.
  • Muchos proyectos de investigación tienen un comité científico externo (añadido al equipo de investigación). El riesgo de fraude se reduce si los progresos del proyecto son presentados a este comité diariamente.
  • Por último, y probablemente el aspecto más importante, es necesario educar a todo el mundo que se quiere dedicar a la ciencia sobre unas reglas básicas. De esta forma, se consigue que desde jóvenes la gente tenga una buena moral científica, dispuestos a ser parte de la ciencia por lo increíble que es, y no por el dinero o poder que se pueda ganar con ella.


Opinión
Imagina la ciencia como un sistema en el que reproducir los experimentos de otros científicos fuese premiado con éxito y financiación, en vez de considerado aburrido. Imagina una ciencia en la que la cualidad y la claridad de descubrimientos superaran la cantidad en todos los aspectos, tanto que la publicación individual fuese irrelevante. E imagina una ciencia en la que revistas que marcan la carrera de uno, como Nature o Science, no existiesen. Un mundo en el que la investigación fuese categorizada por áreas de la ciencia y revisada por la comunidad científica, siendo luego publicada en un foro abierto al público. Un sistema así conseguiría erradicar toda la negligencia y el engaño que se comete día a día.
Sin embargo, este sistema que proponemos es ingenuo e ideal. La gente necesita un incentivo, una motivación para satisfacer las ambiciones y los sueños. Creer que todo el mundo lo hace “por amor al arte” es absurdo. No obstante, no lo veo como algo tan malo. Si los 12 millones que cobran los futbolistas fueran pagados a los científicos, el mundo sería un lugar mejor. Pero es cierto que pagar tal cantidad de dinero a cualquiera es malo, ya que nadie te asegura que esa persona no irá hasta el límite por la recompensa. Y esto es lo que sucede hoy en día. 
En nuestra opinión, la clave está en educar a los futuros científicos en lo que es la ciencia, en cómo ayuda a la gente, en concienzarlos de las repercusiones que puede tener no seguir el método científico. Los datos del estudio realizado por Fanelli no me resultan en absoluto extraños. Nosotros mismos lo hacemos. Por ejemplo, en física, la primera práctica de este año consistía en medir la densidad de tres tipos de figuras, hechas de acero, madera y plastilina. Obtuvimos que la densidad de la bola de madera pequeña era mayor que la de la bola de acero, algo imposible considerando que en teoría el acero es más pesado. Sabíamos que el dato era incorrecto, así que nos los inventamos para que pareciese creíble. En cierto modo, esto también es fraude científico, y nuestro incentivo era la nota. Ahora, después de nueve meses, sabemos que la nota es la misma te salga lo que te salga, porque los errores experimentales son parte de la ciencia y no los puedes hacer desaparecer así porque sí. Lo que quiero decir es que no solo nos han enseñado a operar, sino que nos han enseñado cómo funciona la ciencia. Si esto se consigue a escala mundial, quizá los engaños aminoren. Estamos seguros de que el fraude no desaparecerá nunca, pues es parte de la ciencia, de la vida en general, por muy indeseable y vergonzoso que sea. Lo mejor que podemos hacer es desarrollar mejores mecanismos que lo identifiquen y lo traten para poder seguir adelante.

Carmen de Carvajal e Ignacio Écija 

Bibliografía
Información:
1. Definición de fraude, RAE (Real Academia Española): http://lema.rae.es/drae/?val=fraude
2. The real risks of cherry-picking scientific data, Matt Ridley: http://www.rationaloptimist.com/blog/the-real-risks-of-cherry-picking-in-science.aspx
3. Plagiarism. German fascination with degrees claims latest victim: education minister, The New York Times: http://www.nytimes.com/2013/02/10/world/europe/german-education-chief-quits-in-scandal-reflecting-fascination-with-titles.html?pagewanted=all&_r=1&
4. Confirmation bias by Michael Price, American Psychological Association: https://www.apa.org/monitor/2010/07-08/misconduct.aspx
5. Opinion: publish negative results, by Gabriella Anderson, The Scientist: http://www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/33968/title/Opinion--Publish-Negative-Results/
7. Scientists say NASA’s “new arsenic form of life” was untrue by Jerry Sheridan, Phys.org: http://phys.org/news/2012-07-scientists-nasa-arsenic-life-untrue.html
8. The mind of a Con Man by Judhijit Bhattacharjee, The New York Times: http://www.nytimes.com/2013/04/28/magazine/diederik-stapels-audacious-academic-fraud.html?_r=0
9. Fabrikant Affair, Records Management and Archives of Concordia University: http://archives.concordia.ca/fabrikant
10. Fraud and misconduct in science: the stem cell seduction, NCBI: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2626656/
11. Disgraced cloning expert convicted in South Korea by Choe Sang-Hun, The New York Times: http://www.nytimes.com/2009/10/27/world/asia/27clone.html?_r=0
12. False positives: fraud and misconduct are threatening scientific research by Alok Jha, The Guardian: http://www.theguardian.com/science/2012/sep/13/scientific-research-fraud-bad-practice
13. Scientific misconduct, the lab: http://ori.hhs.gov/TheLab/TheLab.shtml

Imágenes (por orden de colocación):

1 comentario:

Victor Acosta dijo...

No puedo hacer otra cosa que manifestar mi admiración por el trabajo que habéis hecho.